Actualidad Avipecuaria
sábado, 21 julio del 2018

M.V.Z. Álvaro José Uribe Serrano

Universidad de Tolima



Manejo del pollo de engorde en galpones abiertos

Una buena densidad debe tener consideraciones importantes como: el equipo de calefacción que se tenga, el espacio suficiente para tener el equipo de cría necesario, el uso de la ventilación preciso.

Manejo del pollo de engorde en galpones abiertos
Diciembre 11/2017
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Cuando nos situamos en el trópico y pensamos en el manejo que le debemos dar al pollo de engorde en cada uno de los posibles pisos térmicos que podemos encontrar, definitivamente tendremos que ser categóricos en recomendar el uso de galpones con ambientes controlados en sitios que están a alturas muy bajas sobre el nivel del mar, con alta humedad y temperatura. 

Pero, también encontraremos sitios con condiciones medio ambientales que nos permitan lograr resultados zootécnicos y económicos sobresalientes, si logramos darle al pollo el manejo adecuado sin requerir de inversiones tan altas. 

Por esta razón, además del porcentaje tan alto de pollos criados en galpones abiertos, se justifica plenamente el revisar algunos factores de manejo a considerar en estas explotaciones.

Para lograr el mayor potencial de un pollo, tenemos que lograr el mejor nivel posible en la cría, la sanidad de las aves, la nutrición y alimentación, el cuidado que se tenga en la etapa de finalización y retiro del lote, el ambiente del galpón y el personal. 

Pero, cuando estamos manejando galpones abiertos, el impacto del factor humano se hace mucho más relevante y es una obligación tener empleados que dentro de su perfil tengan conocimiento, interés, dedicación y sensibilidad; lo que se podría resumir como la mística del galponero, fundamental para tomar la decisión correcta en el momento oportuno y conseguir minimizar el impacto de los cambios ambientales dentro de la caseta.

Con seguridad, nos encontraremos con condiciones totalmente diferentes en construcciones, microclima, personal y necesidades comerciales, pero en todas las oportunidades debemos centrarnos en que el manejo es el factor más importante en la producción aviar y dentro de este debemos tener en cuenta cinco condiciones de suma importancia:

1. Temperatura

2. Ventilación

3. Humedad

4. Densidad

5. Alimentación

Si analizamos las tres primeras variables: temperatura, ventilación y humedad; necesitamos verlas como un solo conjunto por el cual debemos trabajar para lograr el mejor balance posible. 

La primera condición es tener el mejor sellamiento del galpón, en los techos, las puertas, las uniones de techos con los cerramientos laterales, por lo que se hace imprescindible el uso de sobretechos y cenefas laterales. 

Es necesario tener la posibilidad de direccionar y dosificar la ventilación al interior de las casetas y sin el sellamiento es imposible.

Uno de los problemas más comunes en la cría de pollo, especialmente en zonas altas, es que la gente le tiene temor al frio por los posibles eventos de ascitis que se pueden presentar; por lo cual encierran al pollo, merman la ventilación, le bajan la humedad al galpón y suben las concentraciones de amoniaco; lo que les produce desuniformidad, bajo consumo, bajo peso y dificultad en el manejo de las reacciones respiratorias. 

Sin embargo, si tenemos un buen sellamiento y determinamos la dirección de las corrientes con pequeños descensos de la cortina desde 10 a 20 cm por el lado de mayor ventilación, y el descenso mayor por el extremo contrario, se puede lograr la ventilación sin corrientes que afecten el comportamiento del pollo, mantener la temperatura de confort para la edad y aumentar la humedad logrando un mejor balance térmico. 

Es claro que cada galpón necesita un manejo diferente y por eso el concepto del encargado es fundamental para conseguir el objetivo.

Hay algunos elementos que se comienzan a generalizar en empresas y granjas con resultados sobresalientes, uno de estos es el uso de las cortinas internas que separan los espacios de cría de los extremos laterales del galpón, formando una especie de cámara de aire con temperaturas intermedias, las cuales facilitan el balance térmico en la zona donde está el pollo (Figura 1). 

Estas cortinas deben ubicarse a lo largo del galpón para que las últimas ampliaciones sean hacia los laterales, estas cortinas deberán bajarse siempre después de haber bajado las cortinas externas. 

Cada vez es más común encontrar esta cortina en forma oblicua dejando un espacio en la parte superior (Figura 2), puesto que esta posición sirve para que el aire que entra a partir del descenso de la cortina externa, pegue sobre esta cortina conocida como deflector y se dirija hacia la parte superior del galpón y no hacia el pollo (Figura 3).

Así mismo, cuando los galpones están mal orientados en sitios con demasiado sol, es necesario corregir este problema con la instalación de extensiones de los techos con telas o polisombras, que son instalaciones económicas que nos evitan la entrada del sol y el desplazamiento de los pollos con los problemas de calor y lesiones dérmicas (“pollo rayado”) que esto ocasiona.

Uno de los cuadros más comunes en la cría de los pollos es el deterioro por desuniformidad, coleo, pollo sucio pegado, bajo consumo y bajo peso, que genera lotes de muy malos resultados zootécnicos, causando grandes pérdidas económicas. 

Generalmente, esto se debe a las altas temperaturas que se presentan regularmente por el mal manejo de cortinas, por no tener las condiciones que le permitan a los encargados agilizar el manejo de estas; es por tal razón, que es absolutamente necesario el uso de elementos como los malacates. Independientemente de esto, es importante el buen criterio de la persona encargada.

Es fundamental el uso constante de medidores de temperatura y humedad dentro de los galpones, para supervisar como se manejaron estas variables y que fallas existieron para hacer las correcciones de los puntos críticos y capacitar los operarios.

En zonas por encima de los 1400 metros sobre el nivel del mar, con buenas corrientes de aire, usted puede lograr resultados muy buenos con densidades de 14 a 16 pollos por metro, porque se logra mantener al pollo - la mayor parte de su vida - en los rangos de confort. 

Si estamos con granjas por encima de los 2 mil metros, es posible darle la temperatura de las primeras semanas con consumos de gas moderados con valores entre 0,033 y 0,058 galones por ave, y terminar el engorde del pollo con 16 a 18 pollos por metro con muy buenos resultados zootécnicos, ya que pueden tener temperaturas dentro del galpón cercanas a los 23 °C.

En climas por debajo de los 1400 metros sobre el nivel del mar, es importante el uso de ventiladores y deben estar en una proporción de un ventilador de 42 pulgadas por cada 1200 a 1500 pollos. 

Esto - de todos modos - no permite tener densidades por encima de los 12ºC (13 pollos por metro), y los pollos a partir de la tercera semana permanecen con temperaturas por encima de los rangos de confort; situación que puede limitar los resultados y aumentar los costos.

Hay situaciones geográficas con condiciones envidiables por estar a nivel del mar, con bajas temperaturas y muy bien ventiladas que le permiten al avicultor tener altas densidades y buenos resultados zootécnicos con inversiones bajas y muy buena rentabilidad.

La densidad en operaciones de galpones abiertos, toma una mayor importancia porque sirve como herramienta para lograr el manejo de las variables medio ambientales, sin que lleguemos a repercutir en el buen desarrollo del pollo. 

Podríamos definir la densidad como el espacio necesario para lograr el confort del pollo, optimizando los recursos de cada galpón o explotación al menor costo posible. Una buena densidad debe tener algunas consideraciones importantes como: el equipo de calefacción que se tenga, el espacio suficiente para tener el equipo de cría necesario, el uso de la ventilación preciso.

Es muy difícil encontrar uniformidad en el espacio que se le da a los pollos en la cría, esto depende de la subjetividad del operario, por esto es muy importante tener mecanismos de control y medición con base en parámetros preestablecidos por cada compañía.

La variación de peso en los pollitos es muy grande entre un lote de reproductora joven que puede estar con un peso promedio de 38g y uno de reproductora vieja que puede estar de 45g; hay una diferencia de 18%. 

Si no se reacomoda la densidad, podríamos decir que estamos utilizando un 18% de espacio de más en un lote joven con mayor gasto de gas, más dificultad para calentar, más espacio de cama para calentar, etc. Todo esto nos obliga a trabajar con un factor más uniforme que es la biomasa. 

Por eso, se propone que para manejar los espacios del pollo y sus ampliaciones, se determinen a través de esta, revisando el peso del pollo cada dos días y ampliando de acuerdo a este parámetro.

En los galpones abiertos, es importante diseñar los programas de alimento de acuerdo al piso térmico y temperatura de la zona. En zonas por encima de los 1300 metros sobre el nivel del mar, es necesario pensar en restricciones alimenticias que pueden ir desde el 5% hasta el 30% de lo recomendado por la tabla de cada una de las líneas. 

Siempre se debe tener en cuenta dar comida sin restricción los primeros 7 a 10 días, de ahí en adelante la restricción programada hasta 7 días antes del sacrificio, donde se debe subir el consumo entre un 5 a 15% con respecto al último día de ayuno, para lograr una ganancia compensatoria importante.

En galpones ubicados por debajo de los 1200 metros, se debe restringir utilizando las horas más frescas para el suministro de alimento, por ejemplo de 4 pm. hasta 9 pm.

En la medida que se logre el rango de confort del pollo a través del proceso de engorde, día a día podremos suministrar el alimento en la cantidad y la calidad sugerida para lograr el potencial genético del pollo; dependiendo de que tanto nos separemos de ese rango sugerido óptimo, con seguridad vamos a ir teniendo una pérdida de conversión que podría ser de por lo menos 0.02 cada tres grados °C.

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