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Friday, 17 November del 2017


Micotoxinas y micotoxicosis en la producción animal

Aunque la prevención de la formación de las toxinas es la mejor estrategia, no siempre es viable. La eliminación de micotoxinas en el alimento es más asequible y aplicando correctamente las diferentes medidas existentes, debería ser una buena opción para proteger a los animales.

Micotoxinas y micotoxicosis en la producción animal
Septiembre 05/2017
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La micotoxicosis, con gran incidencia en la producción animal, se refiere a las diferentes patologías ocasionadas por la exposición a diferentes micotoxinas, metabolitos secundarios producidos por ciertas especies de hongos, y que son tóxicos tanto para humanos como para animales.

La capacidad de crecimiento y de producción de micotoxinas de estos hongos depende de diversos factores ambientales, tales como humedad, temperatura y disponibilidad de fuentes de energía y de nitrógeno. Condiciones de almacenamiento con humedad superior al 13 – 15 % y con temperaturas superiores a 25 – 27º C facilitan el desarrollo de hongos, fundamentalmente en maíz, cereales y sus subproductos. La presencia de hongos productores de micotoxinas no implica presencia de las mismas y viceversa, ya que algunas de estas toxinas presentan una gran estabilidad y pueden estar presentes en el alimento incluso después de la desaparición de los hongos que las produjeron.

Es raro que las micotoxinas estén en niveles suficientes en el alimento como para llegar a desarrollar cuadros clínicos, siendo más frecuente encontrarlas en bajas concentraciones y ocasionando sintomatología subclínica durante un periodo extendido de tiempo, lo que dificulta su diagnóstico y supone una mayor pérdida económica para las explotaciones (Marquardt, 1996; Bryden, 2004).

Las micotoxicosis frecuentemente se deben por la acción simultánea de varias micotoxinas: no sólo las materias primas pueden estar contaminadas por más de una especie de hongo, sino que también se sabe que una misma especie de hongo es capaz de producir diferentes tipos de micotoxinas (Bottalico, 1998; Sweeney et al., 1998). Diferentes estudios han demostrado interacciones toxicológicas tanto sinérgicas como antagonistas entre diferentes tipos de micotoxinas (Grenier et al., 2011; Mallmann et al., 2011).

Aflatoxinas

Las aflatoxinas son un grupo de micotoxinas producidas por dos especies ubicuas del género Aspergillus: A. flavus toxigénico produce las aflatoxinas B1 y B2 mientras que A. parasiticus toxigénico produce las aflatoxinas B1, B2, G1 y G2 (Cotty et al., 1994). Entre esas, se considera la aflatoxina B1 (AFB1) como la más prevalente y la más tóxica para animales y humanos (EFSA, 2004a). Se considera que la torta de cacahuete, el palmiste, la harina de copra y la harina de gluten de maíz son las materias primas más contaminadas por las aflatoxinas (EFSA, 2004a). Las aflatoxinas son compuestos liposolubles, por lo que son fácilmente absorbidos en el tracto digestivo, y son metabolizadas en el hígado dando 5 metabolitos diferentes, algunos de ellos con efectos mutagénicos, carcinogénicos y teratogénicos (WHO, 1983; Nibbelink, 1986), y que pueden encontrarse en la leche (aflatoxina M1) con efectos hepatotóxicos y carcinogénicos en humanos (Henry et al., 2001); en el tejido muscular de diferentes especies animales (Trucksess et al., 1983) y en los huevos de gallinas ponedoras (Herzallah, 2013).

La susceptibilidad hacia estas aflatoxinas en aves depende de la especie y de la raza, siendo los patos y los pavos las especies más susceptibles, seguidos por las codornices, faisanes y finalmente gallinas (Leeson et al., 1995). Los signos pueden variar desde la disminución del consumo de alimento hasta reducción del índice de eclosión, fertilidad, producción y peso del huevo (Leeson et al., 1995; Pandey et al., 2007, Herzallah, 2013).

Fumonisinas

Se trata de un grupo de micotoxinas producidas principalmente por hongos del género Fusarium. Las más relevantes son aquellas pertenecientes al grupo B (fumonisinas B1, B2 y B3), siendo la primera (FB1) la más frecuente y la más tóxica tanto para humanos como para animales (Cawood et al., 1991; EFSA, 2005).

Aunque se pueden encontrar principalmente en el maíz y sus subproductos, las fumonisinas también están presentes en otras materias primas (Bullerman et al., 1994) e incluso en piensos procesados debido a su elevada estabilidad frente a tratamientos térmicos y procesos de fermentación.

Estas micotoxinas alteran el metabolismo de esfingolípidos (compuestos estructurales de la membrana celular y presentes en diferentes tejidos, particularmente el nervioso), debido a su parecido con la esfinganina y a la esfingosina, causando alteraciones en los procesos de diferenciación celular, apoptosis y necrosis (Merrill et al., 1996; Norred et al., 1998). Se excretan fundamentalmente a través de las heces, pero cierta cantidad puede estar presente en huevos y leche.

Cerdos y caballos son las especies más sensibles, mientras que las aves son más resistentes. En aves afectadas, se puede observar una disminución en el consumo, ganancia de peso y producción de huevos, e incremento de la mortalidad (Javed et al., 1993; Prathapkumar et al., 1997).

Ocratoxinas

Son un grupo de micotoxinas producidas por especies de Penicillium y Aspergillus. Entre los 7 tipos hallados, la ocratoxina A (OTA) es la más significativa debido a su toxicidad en humanos y animales, prevalencia en materias primas y productos de origen animal, estabilidad ante procesos de cocción y fermentación. La OTA se encuentra principalemente en cebada, trigo y centeno (Cabañes et al., 2010). 

Debido a su capacidad de unirse a proteínas séricas, la OTA se puede encontrar en productos derivados de la sangre como morcillas o aditivos a partir de sangre o plasma de cerdo. Se pueden encontrar conatidades residuales en leche, huevos y tejidos hepático, muscular y graso (Suzuki et al., 1977; Galtier et al., 1981; WHO/FAO, 2001; EFSA, 2004c; Völkel et al., 2011).

Aunque las aves son menos sensibles que los cerdos, se pueden observar los siguientes efectos: reducción en el consumo de alimento, conversión, ganancia de peso y producción de huevos (Duarte et al., 2011).

Zearalenona

La zearalenona (ZEA) es producida por diferentes especies del género Fusarium, y suele aparecer de forma conjunta con otras toxinas tales como deoxinivalenol (DON) o “vomitoxina”, también producida por especies del género Fusarium. La ZEA se puede encontrar principalmente en granos de maíz, aunque también en trigo, cebada, sorgo, arroz o soja (EFSA, 2004b; Zinedine et al., 2005) y puede resistir el procesado de los alimentos. Es interesante destacar que ciertas pantas son capaces de modificar químicamente la ZEA y el DON (Berthiller et al., 2005) produciendo metabolitos tóxicos para los animales, pero que escapan a las técnicas laboratoriales de análisis estándar.

La ZEA tiene afinidad por receptores de estrógeno en diferentes tejidos (tracto reproductor, tejido mamario y hepático), por lo que genera respuestas similares a las del estrógeno, por lo que afecta especialmente a hembras jóvenes. Esta toxina es metabolizada en el hígado, dando metabolitos que también tienen afinidad por receptores de estrógeno. 

Las aves son menos susceptibles que los cerdos (donde los signos observados afectan al aparato reproductor), y los efectos negativos se observan con dosis altas de ZEA que no son usuales en condiciones de campo.

Tricotecenos

Son compuestos producidos por gran cantidad de hongos y clasificados bajo los tipos A, B, C y D (McCormick et al., 2011), siendo los más significativos para la producción animal los tipos A (conteniendo la toxina T2 y toxina HT-2) y tipo B (que incluye el DON) producidos por especies del género Fusarium. El DON es la toxina más frecuente, pero es alrededor de 100 veces menos tóxica que la toxina T2. Ésta última, junto con su metabolito HT-2 se encuentran fundamentalmente en la cáscara externa de los granos de trigo, centeno y avena (Gottschalk et al., 2009; Edwards, 2009).

Los tricotecenos inhiben la síntesis proteica y generan radicales libres que causan estrés oxidativo en las células (McCormick et al., 2011). Las aves son menos sensibles a sus efectos que los cerdos. A bajas concentraciones se puede apreciar reducciones en el consumo, alteraciones en el sistema inmunitario, pérdida de peso y menor absorción de nutrientes en el intestino (Prelusky et al., 1986; He et al., 1992; Rotter et al., 1996; Awad et al., 2008).

En concentraciones más altas pueden aparecer signos nerviosos como letargia o pérdida de equilibrio, seguidos de signos digestivos como diarrea o hemorragias en el tracto digestivo (Grevet, 2004).

Prevención de las micotoxicosis

No existe un tratamiento efectivo para estas intoxicaciones una vez que han aparecido los signos clínicos, y generalmente, incluso si el animal se recupera, su producción quedará por debajo de la media. Es por lo tanto importante resaltar la necesidad de aplicar medidas preventivas, ya sea para evitar la contaminación del alimento por hongos y posterior formación 

de micotoxinas, o sea eliminando estas micotoxinas de los alimentos. Aunque la prevención de la formación de las toxinas es la mejor estrategia, no siempre es viable. La eliminación de micotoxinas en el alimento es más asequible y aplicando correctamente las diferentes medidas existentes, debería ser una buena opción para proteger a los animales.

Se han descrito diferentes métodos de prevención y eliminación, que van desde la inclusión de compuestos naturales en piensos (como por ejemplo ácidos naturales), hasta métodos físicos (rayos X, luz UV), microbiológicos (enzimas) y químicos (agentes oxidantes, adsorbentes de micotoxinas). Entre todas estas medidas, la más implementada en la producción animal es la inclusión en piensos de arcillas naturales que adsorben micotoxinas, debido a su bajo coste, facilidad de uso y carencia de efectos adversos en los animales (Van Kessel et al., 2010).

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