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Friday, 21 July del 2017


Resistencia de antibióticos: Un nuevo desafío para la gestión sanitaria animal

El uso, sub uso, sobre uso y el mal uso de antibióticos en producción animal ha llevado al desarrollo y diseminación de la resistencia bacteriana, no solo generando problemas a nivel de producción animal, sino que también hacia la salud humana.

Resistencia de antibióticos: Un nuevo desafío para la gestión sanitaria animal
Mayo 10/2017
Lima - Perú
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Introducción 

Los antibióticos han sido una importante herramienta sanitaria para el control de infecciones en producción animal. Sin embargo, su uso y principalmente su mal uso, en medicina veterinaria y en medicina humana, es considerado como uno de los componentes principales de la generación y diseminación de la resistencia a los antimicrobianos, tanto hacia personas como animales. El avance de la resistencia a los antimicrobianos ha sido tal que, en los últimos años, este fenómeno se ha transformado en uno de los principales problemas para la salud pública mundial.  

A pesar de que la resistencia a antibacterianos forma parte de un proceso natural de adaptación de las bacterias, el cual ya existía previo al descubrimiento de los antibióticos, el uso de este tipo de productos ejerce una presión selectiva sobre la población bacteriana de un individuo lo cual propicia al desarrollo de resistencia a antibióticos. Este hecho que se ve potenciado por la alta capacidad bacteriana para compartir genes de resistencia, incluso entre familias distintas (figura 1).

El fuerte desarrollo de la resistencia a los antimicrobianos está poniendo en riesgo la disponibilidad de tratamientos efectivos, tanto en humanos como en animales. Solo en la Unión Europea se estima que cada año 25.000 personas mueren producto de bacterias resistentes, en donde además los costos adicionales en salud y pérdidas de productividad se estiman en 1.500 millones de euros, lo cual se puede ver replicado, en distinta proporción, en todos los países del mundo. 

Lo anterior ha llevado a organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), al desarrollo de múltiples planes globales para la contención de la resistencia a antimicrobianos, los cuales día a día se intensifican. 

Los consumidores también se han sumado a esta preocupación mundial, exigiendo cada vez más a productores ganaderos a la reducción del uso de antimicrobianos en animales destinados al consumo humano. Esto está teniendo un enorme impacto en la preferencia de productos de origen animal libres de antibióticos, o a lo menos con garantías de su uso responsable.   

Si bien la resistencia a los antimicrobianos es un hecho que está generando graves consecuencias, existen alternativas que permiten optimizar el uso de antimicrobianos y con ello contribuir a disminuir la presión selectiva. Es fundamental el conocimiento y aplicación de estas herramientas, de tal forma de contribuir a la contención de dicha amenaza.

Uso de antibióticos en producción animal y resistencia a antibacterianos

La presencia y diseminación de agentes causales de enfermedad e infecciones son problemas frecuentes en sistemas de producción animal. Estas se han visto aumentadas producto de la intensificación de dichos sistemas, en donde por lo general, existen mayores niveles de estrés en los animales además de altas tasas de contacto entre los individuos, lo cual propicia a una mayor aparición de infecciones y consecuentemente a una mayor utilización de antibacterianos.  

No obstante lo anterior, los antibacterianos no solo han sido parte significativa de la producción animal por su poder en el control de infecciones bacterianas, sino que estos también han sido y son utilizados muchas veces sin existir infección, para el tratamiento de animales sanos en forma preventiva, o con el fin de mejorar la conversión alimenticia y con ello fomentar el crecimiento de los animales. Es decir no siempre son bien utilizados.  

Al uso como tratamiento terapéutico, preventivo y promotor de crecimiento, se le suman otros factores que propician al desarrollo de la resistencia a antimicrobianos, tales como el tipo de antimicrobianos, dosis, ritmos horarios, tiempo de aplicación, uso de productos no regulados por la autoridad sanitaria respectiva, aplicación de productos de baja calidad, entre otros. En consecuencia, al no ser bien utilizados los antimicrobianos, provocando la falla del tratamiento, con ello una presión selectiva sobre la población bacteriana patógena y comensal y posterior generación y diseminación de resistencia. 

En general existe poco conocimiento sobre la epidemiología de bacterias a nivel de granjas, el uso de herramientas diagnósticas para la identificación del agente bacteriano actuante y de pruebas de sensibilidad es también escaso, lo cual se resume en un gran número de ocasiones, en la aplicación de tratamientos inadecuados y poco efectivos. 

De esta forma, el uso, sub uso, sobre uso y el mal uso de antibióticos en producción animal ha llevado naturalmente al desarrollo y diseminación de la resistencia bacteriana, no solo generando problemas a nivel de producción animal, sino que también hacia la salud humana. Aunque aún no se conocen todas las relaciones existentes, las personas podrían adquirir bacterias resistentes (o determinantes de resistencia) por medio del contacto directo con los animales o sus productos durante la cadena productiva, el consumo de productos de origen animal contaminados con bacterias resistentes, el consumo de productos de origen animal con residuos de antimicrobianos y/o en forma indirecta principalmente por medio de residuos de producción. Aunque existe evidencia en algunos casos,  aún faltan estudios que determinen la importancia del uso de antimicrobianos en producción animal para la generación y diseminación de la resistencia de los antimicrobianos con impacto en la propia salud animal y pública.

Buen uso de antibióticos y bioseguridad como alternativas al control de la resistencia a antimicrobianos 

La resistencia a los antimicrobianos, aunque si bien es un asunto de alta importancia, no constituye un problema desmedido carente de soluciones, públicas o privadas, que contribuyan a su contención. Al respecto, es posible focalizarse en tres niveles:

a. Buen uso de antibacterianos

El buen uso de antibacterianos, utilizando productos adecuados, con protocolos de aplicación correctos y sólo para situaciones en donde se evidencie la presencia de infección bacteriana; evita la presión selectiva sobre la población bacteriana.

Es por lo anterior, que es necesario realizar una pausa y evaluar cómo están siendo utilizados los antibacterianos y determinar si se están aplicando medidas que permitan reducir la aparición de enfermedades infecciosas.

b. Bioseguridad

La bioseguridad es una potente herramienta que permite no solo disminuir el consumo de antimicrobianos producto de la reducción de la carga de microorganismos y con ello de las enfermedades infecciosas, sino que además contribuye a reducir la diseminación de la resistencia a estos fármacos. La OIE define bioseguridad como “un conjunto de medidas físicas y de gestión diseñadas para reducir el riesgo de introducción, radicación y propagación de las enfermedades, infecciones o infestaciones animales hacia, desde y dentro de una población animal”.

c. Otras alternativas: productos alternativos, buenas prácticas, bienestar animal 

La industria farmacéutica y los productores han tomado un rol fundamental en el desarrollo y uso de productos alternativos, naturales y sintéticos, que permiten disminuir el consumo de antibacterianos a nivel predial. Entre los primeros destacan aloe vera, extracto de yuca, toronja, extracto de romero, entre otros; mientras que entre los segundos se utilizan las vacunas, probióticos, prebióticos, fagos bacterianos, ácidos grasos, vitaminas, metioninas, entre otros. Estos productos son principalmente de carácter preventivo y contribuyen especialmente en mejorar la inmunidad de los animales para con ello disminuir la presentación de infecciones y/o enfermedades. 

Adicionalmente, no se pueden dejar de lado programas públicos y privados que fomentan las buenas prácticas de producción, programas de control de enfermedades y bienestar animal, los cuales también aportan a disminuir la aparición de afecciones por microorganismos infecciosos.

Palabras finales

El control del uso de antibacterianos de la producción animal es una tarea de alta dificultad, ya que estos siguen siendo una herramienta fundamental para el tratamiento de enfermedades en los animales. Si bien, la reducción del uso es una situación compleja, no significa que no se puedan implementar estrategias que promuevan el buen uso y disminución significativa de estos productos. En donde, dada su relevancia, es imperativo que las entidades públicas y actores privados apunten en esa dirección. 

Tanto el buen uso de antibacterianos como la bioseguridad son herramientas clásicas, pero de gran utilidad, ya que estas contribuyen de forma efectiva a la contención de la resistencia a los antimicrobianos. A pesar de su efectividad, estas deben aplicarse idealmente en forma combinada y por supuesto con alta rigurosidad técnica y con buenos sistemas de control.

Por otro lado, a pesar de que la resistencia a los antimicrobianos es un problema que ha ido en ascenso, en forma paralela también se han desarrollado estrategias para su contención. Es notable el rol de promoción y apoyo que están tomando los organismos internacionales y algunos países y gremios de producción animal en cuanto promover la eliminación del uso de antibióticos como promotores del crecimiento, la elaboración y mejoras a normativas, el desarrollo de programas educativos dirigidos especialmente hacia médicos veterinarios, la implementación de sistemas de vigilancia integrados con medicina humana, la aplicación de vacunas, el uso y desarrollo de productos alternativos, entre otros. 

A pesar de esos esfuerzos, la tarea por delante es enorme y por lo tanto se requiere que cada uno de los productores de proteína animal en cada uno de los países contribuya con este desafío, a los que se les deben sumar los servicios veterinarios y humanos que aún no lo han hecho.

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