MVZ. Sebastian Mena

Gerente Técnico de Valor y Servicios SAC / smena@vyssac.com



Importancia del agua en la avicultura: desinfección, aspectos nutricionales y sanitarios

El consumo del agua representa el doble del consumo de la ración, pudiendo incrementarse hasta 2.4 veces o incluso más. Este incremento se ve influenciado por la temperatura, humedad relativa, composición de la dieta y tasa de ganancia de peso.

Importancia del agua en la avicultura: desinfección, aspectos nutricionales y sanitarios
Enero 17/2017
Lima - Perú
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El agua constituye el 70% del peso de las aves, y esta tiene una relación directa en la composición proteica de la misma (Pardo, 2007); su consumo representa el doble del consumo de la ración, pudiendo incrementarse este hasta 2.4 veces o incluso más, este incremento se ve influenciado por la temperatura, humedad relativa, composición de la dieta y tasa de ganancia de peso.

En relación a la temperatura, la ingesta de agua se incrementa entre 6% a 7% por cada grado centígrado sobre los 21°C (Cobb-Vantress, 2008). La temperatura del agua que consumen las aves está sujeta a la influencia directa de la temperatura interna de la nave de producción y del tipo de instalaciones que se tenga en la misma, junto con las condiciones en que se mantengan los tanques de suministro de agua, para así mantenerla fresca y garantizar una temperatura menor o igual a 24 °C.

Hay estudios como los referidos por Penz (2003), que mencionan la capacidad de las aves para detectar cambios de temperatura de 2°C; esta respuesta a los cambios de temperatura del agua son controlados por el nervio lingual y esta respuesta se detona al sobrepasar los 24°C, por lo que a partir de este rango las aves empiezan a presentar un consumo limitado del agua.

El agua forma parte de casi todas las reacciones químicas del cuerpo. Está involucrada activamente en el movimiento de nutrientes entre las células y tejidos, así como en la eliminación de toxinas del organismo (Penz, 2003).

Tiene un papel importante en la regulación de la temperatura corporal, en la lubricación de las articulaciones y básicamente se ve involucrada directamente en casi todos los fenómenos físicos, químicos y biológicos necesarios para el desarrollo de los procesos vitales de las aves (Bellostas, 2009).

A pesar de esto, el agua es el elemento que usualmente pasa desapercibido y al que menos atención se presta por parte de los técnicos en alimentación, manejo y sanidad de las aves (Quiles, 2005).

Aspectos nutricionales y sanitarios aspectos nutricionales y sanitarios

Usualmente los avicultores no suelen darle mucha importancia a la calidad del agua y a la cantidad de efectos que presenta la misma sobre las aves. Muchos problemas de bajos rendimientos crónicos de las parvadas pueden ser atribuidos a una mala calidad microbiológica del agua. Siendo esta el vehículo natural para la transmisión de numerosas enfermedades que afectan a las aves en producción (Ruiz y Tabares, 2012). Sparks (2010) señala al agua como un importante vehículo en la transmisión horizontal de numerosos agentes infecciosos, entre ellos el Campylobacter.

Otro punto importante a considerar es la presencia de materia orgánica, características químicas y carga bacteriana en el agua de bebida, estos tres factores aislados o en sinergia pueden reducir sustancialmente la actividad de un gran número de antibacterianos. Hay que tener en cuenta que entre mayor sea la dureza del agua la inactivación de la gran mayoría de antibacterianos será más marcada y, mas aun, si se combina con una elevada carga bacteriana, lo cual resultaría en un pobre o nulo efecto de los antibacterianos (Sumano y Gutierrez, 2010).

Si realizamos un análisis económico de las pérdidas generadas por una mala calidad de agua, en consideración a las medicaciones que se realizan utilizándola como vehículo, tendríamos que la pérdida generada es cuantiosa, ya que esta involucraría: los costos por la pérdida de actividad microbiana más la mortalidad generada, la baja producción de la parvada y la generación de cepas bacterianas resistentes (Sumano y Gutierrez, 2010), todo lo cual desencadena una producción poco rentable e ineficiente.

Dentro de la calidad de agua hay que considerar la presencia de nitritos y nitratos, estos provienen de la fase final de la descomposición de la materia orgánica y pueden ocasionar problemas en la salud de las aves; ya que la hemoglobina reacciona con los nitritos y forma metahemoglobina, lo que produce disminución en su capacidad de transporte de oxígeno. Niveles sobre los 20 ppm de nitratos en el agua pueden ocasionar pobres rendimientos productivos y niveles superiores a 1ppm de nitritos presentan alteraciones en la salud de las aves (Bellostas, 2009; Rubio, 2005).

La pobre calidad del agua de bebida puede interferir con la digestión y la consecuente asimilación de nutrientes y desencadenar en un pobre rendimiento productivo de las aves (Fairchild y Ritz, 2015), lo que puede verse atribuido a un aumento del crecimiento bacteriano en la línea de agua.

Hay que considerar que la microbiota produce cambios importantes en la morfología intestinal como son: la arquitectura de las micro vellosidades, profundidad de las criptas, proliferación de células madre, densidad de vasos sanguíneos, entre otras; es importante mantener un equilibrio entre las defensas del animal y los desafíos de microorganismos, para conservar la integridad intestinal, la cual se relaciona directamente con la ausencia de lesiones en el tubo gastrointestinal durante la necropsia.

Una adecuada integridad gastrointestinal de las aves está relacionada directamente con un mejor desempeño y mayor rentabilidad (Santin, 2015).

La salud intestinal se basa en el adecuado mantenimiento del delicado equilibrio entre el anfitrión (el ave), la microflora intestinal, el ambiente intestinal y los compuestos dietéticos (Bailey, 2013). Un desequilibrio generado a causa de una mala calidad de agua en esta relación puede comprometer la salud intestinal de las aves, y ser uno de los muchos otros factores que influyen en el inadecuado crecimiento inicial las mismas (Fernandes, 2007).

Santin (2015) nos indica que en los primeros días de vida de las aves, el ecosistema microbiano intestinal de estas es aún inestable, por lo cual los diferentes estímulos ambientales pueden influir desfavorablemente sobre el mismo.

Siendo necesario un suministro de agua limpia y fresca para que los animales tengan un crecimiento y producción rentables, y si los animales no tienen un suministro de agua de calidad no van aprovechar adecuadamente los nutrientes de la ración (Gilespie y Flanders, 2009). Todos estos factores asociados a la mala calidad del agua y activa influencia en el desempeño productivo junto con el estado sanitario de las aves van a desencadenar en deficientes producciones, y pérdidas económicas para los productores.

Desinfección del agua

Al hablar de desinfección del agua nos referimos al proceso mediante el cual se inactiva o destruyen bacterias patógenas, hongos, virus y otros microorganismos presentes en la misma (Suslow, 1997).

Hay trabajos que demuestran la importancia de la desinfección del agua de bebida de las aves como el que Bobinienê et al., (2014) realizó, obteniendo mejoras en la conversión alimenticia, mayor peso promedio, menor mortalidad y una mejor integridad intestinal de la parvada a la que se le aplicó un método de desinfección físico para el agua de bebida; corroborando que la desinfección del agua de bebida es importante para prevenir la transmisión de microorganismos presentes en la misma y garantizar un adecuado bienestar de las parvadas (Kamphues y Rater, 2013).

En la industria avícola tenemos una amplia gama de desinfectantes para el agua de bebida, entre ellos los compuestos clorados, ozono, peróxidos, entre otros. Para su elección hay que tener en cuenta su espectro bactericida, su neutralidad en base a las variaciones físicoquímicas del agua y su eficacia frente al biofilm. En la Tabla 1 se presenta un resumen de los agentes usualmente usadas para la desinfección del agua de bebida de las aves.

Cloración

En base a lo anterior referido nos vamos a enfocar en el cloro, ya que es el biocida más utilizado, siendo este un potente desinfectante con propiedades altamente oxidantes, el mismo que al diluirse con el agua se descompone en tres formas: gas cloro, ácido hipocloroso e ion hipoclorito en cantidades que varían con el pH; generalmente se usa en forma de hipoclorito de calcio o como ácido tricloroisocianurico, siendo el último el más estable y potente presentación de cloro en el mercado (Suslow, 1997).

La cloración del agua es una mezcla de cloro en estado gaseoso, ácido hipocloroso e ion hipoclorito cuyas proporciones van a variar de acuerdo al pH del agua de bebida (Cobb- Vantress, 2008), de las cuales la forma más deseada es la de ácido hipocloroso, ya que este es un bactericida mucho más eficaz y potente que el ion hipoclorito. Consiguiéndose su concentración ideal a un pH de 6, obteniendo un 96% de ácido hipocloroso (Suslow, 1997), con lo cual obtenemos el máximo potencial oxidativo del cloro, el cual se puede medir en milivoltios (mV). Ver Tabla 2.

El ácido hipocloroso (HClO) es un ion no disociado del cloro, responsable de la acción bactericida de los compuestos clorados, este es un potente desinfectante que penetra fácilmente en las células bacterianas a través de la membrana citoplasmática, actúa sobre proteínas y ácidos nucleicos, oxida grupos sulfhídrilos (-SH) y ataca grupos aminos, índoles y al hidroxifenol de la tirosina (Enao, 2003).

Un beneficio extra de la cloración del agua es la oxidación de los nitritos presentes en la misma, transformándolos en nitratos siendo estos menos tóxicos que los nitritos para las aves. (Bellostas, 2009).

Potencial de óxido reducción (ORP)

El potencial de óxido reducción es una forma de medir la energía de óxido-reducción mediante un electrodo, el cual la convierte en energía eléctrica y se expresa con el término milivoltios (mV); hoy en día el ORP se ha convertido cada vez más en una herramienta primordial para la estandarización y control de la adecuada desinfección del agua de bebida de las aves. Reflejando el potencial antimicrobiano del agua, el cual para términos prácticos desde una perspectiva microbiana, un producto químico oxidante es capaz de robar electrones de la membrana celular de los microorganismos suspendidos en el agua produciendo desestabilización y fugas en la misma comprometiendo su integridad, conduciendo a la lisis de los microorganismos (Suslow, 2004).

Suslow (2004) demostró que con un valor de ORP superior a 665 mV las bacterias de la descomposición y putrefacción, así como la E. Coli O157:H7, varias cepas de Salmonella son destruidas en pocos segundos de contacto; de igual manera la OMS recomienda un ORP de 650 mV para la potabilización del agua de bebida. Ver Tabla 3.

Potencial de hidrogeniones  (pH)

El pH es una medida de acidez o alcalinidad de una disolución, este nos indica la concentración de iones hidronio presentes en las disoluciones, por lo cual, entre mayor sea el valor del pH, mayor será la concentración de iones hidronios lo cual lo vuelve más alcalino; y entre menor sea el pH, menor será la concentración de iones hidronio lo cual lo vuelve más ácido.

Una de las formas más eficaces de medir el pH es por medio de un potenciómetro o pH-metro, el cual mide las diferencias de potencial entre dos electrodos (uno de referencia y otro de vidrio que es sensible al ion de hidrógeno). Hay que considerar al pH como una herramienta ideal para obtener el mayor potencial del cloro y la mayor concentración de ácidos orgánicos no disociados en el caso que acidifiquemos el agua de bebida con ácidos orgánicos de cadena corta, los cuales tienen una acción antimicrobiana muy marcada y son tiempo y concentración dependiente (Bellaver y Scheuermann, 2004).

A bajos niveles de pH la alta concentración de protones va dar lugar a una mayor proporción de moléculas de ácido y menos aniones, recordando que en solución los ácidos débiles no están totalmente disociados en sus iones, sino que presentan un equilibrio entre sus moléculas de ácido sin carga y sus respectivos aniones y cationes.

Acidificación del agua de bebida

Viola et al. (2009) menciona que el uso de ácidos orgánicos en aves es debido a su acción antimicrobiana en el tracto gastrointestinal y esta actividad antimicrobiana va a depender del pKa de estos ácidos si bien algunos son di prótidos como el ácido fumárico o tetra prótidos como el cítrico, lo que les favorece al mantener su acción en mayor medida del tracto intestinal. El mecanismo de acción de los ácidos orgánicos está relacionada con la reducción del pH y su capacidad de penetrar en la célula microbiana libremente a través de su membrana celular, liberando iones y protones cambiando el pH intracelular y el gradiente de concentración iónica, lo cual va a producir la inhibición de la banda transportadora de electrones y, por lo tanto, del metabolismo celular; por otro lado, la acumulación de iones va a incrementar fuerza iónica elevando la presión en la pared del microorganismo, lo cual conlleva a la ruptura de la misma y la muerte del microorganismo (Viola et al., 2009).

Por lo cual, el uso de ácidos orgánicos promueve una mejor calidad del agua de bebida de las aves, presentando un efecto desinfectante de la misma al potencializar la acción de la cloración y un efecto prebiótico por su acción antimicrobiana a nivel gastrointestinal.

Bellaver y Schevermann (2004) mencionan que en las aves, las bacterias patógenas alcanzan el tracto digestivo después de superar la barrera del buche; y la existencia de un ambiente ácido con pH bajo en el buche es muy importante para impedir o disminuir la colonización de patógenos en el tracto digestivo.

Oviedo (2009) nos menciona que los programas de oscurecimiento en aves estimulan el consumo de cama, lo que puede producir problemas entéricos en las mismas afectando la absorción de nutrientes para el desarrollo óseo. Y en general puede incrementar la producción de mucus, debido a la ingesta de componentes fibrosos de la cama, lo cual puede dar lugar a un incremento de la población de bacterias mucolíticas como el C. perfringens a nivel del intestino delgado (Van Der Klis, 2012), siendo la acidificación del agua de bebida un punto importante para el control de la proliferación de estos microorganismos (Bellaver y Schevermann, 2004).

Oviedo (2009) menciona que el acidificar el agua con ácidos orgánicos como el ácido cítrico, favorece la solubilidad del calcio, magnesio, manganeso y zinc, los cuales son necesarios para los procesos metabólicos de las aves y en el caso del calcio interviene directamente en la formación de la cáscara de los huevos en el caso de gallinas reproductoras y ponedoras comerciales.

En cuanto al zinc, manganeso entre mayor es su biodisponibilidad se reduce la prevalencia de problemas de patas en aves (Oviedo, 2009) lo que particularmente en gallos reproductores es importante, ya que un gallo sin buenos aplomos no es capaz de cubrir adecuadamente a las gallinas, lo cual desencadena en problemas de infertilidad de huevos y reducción de pollitos producidos por esa parvada. Viola et al. (2008) menciona que la suplementación de ácido cítrico y fumárico presentaron una mejora en el rendimiento y utilización del fósforo de la dieta. Bellaver y Schevermann (2004) refieren estudios en los cuales se usó combinaciones de ácidos orgánicos con resultados positivos al reducir la transmisión horizontal de bacterias altamente patógenas como la Salmonella gallinarum.

Finalmente, es necesario de buenas prácticas en el manejo de las aves: crianza, alimento, agua, bioseguridad y ambiente para mantener la salud intestinal, y por lo tanto la salud y bienestar del ave (Bailey, 2013).

Conclusiones

El agua es uno de los pilares esenciales dentro de la producción avícola, y su adecuado manejo y desinfección van a influir en los resultados productivos de las aves; así como en la eficacia de muchos productos antimicrobianos. El manejo del pH como una herramienta para maximizar la efectividad de los sistemas de cloración del agua es muy importante, así como el monitoreo del ORP para constatar el óptimo potencial antimicrobiano del agua producto de la cloración. Un adecuado manejo sanitario del agua es fundamental, partiendo de una cloración eficiente en base a un adecuado pH y monitoreo constante de su ORP, asegurando así la calidad microbiológica y sanitaria; traduciéndose en mejores resultados productivos.

Bibliografía

Para mayor información contactarse con el autor al siguiente correo: smena@vyssac.com

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